El Maestrante por Valdç

October 23, 2019

El Maestrante por Valdç

Titulo del libro: El Maestrante

Autor: Valdç

Número de páginas: 394 páginas

Fecha de lanzamiento: November 29, 2012

Editor: Library of Alexandria

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Valdç con El Maestrante

A las diez de la noche eran, en toda ocasiðn, contadësimas las personas que transitaban por las calles de la noble ciudad de Lancia. En las entraîas mismas del invierno, como ahora, y soplando un viento del noroeste recio y empapado de lluvia, con dificultad se tropezaba alma viviente. No quiere esto decir que todos se hubiesen entregado al sueîo. Lancia, como capital de provincia, aunque no de las mßs importantes, es poblaciðn donde ya en 185” se habëa aprendido a trasnochar. Pero la gente se metëa desde primera hora en algunas tertulias y sðlo salëa de ellas a las once para cenar y acostarse. A esta hora, pues, solëan tropezarse algunos grupos resonantes que caminaban a toda prisa resguardados por los paraguas; las seîoras rebujadas en sendos capuchones de lana, alzando las enaguas con la mano que les quedaba libre; los caballeros envueltos en sus paîosas o montecristos, los pantalones ençrgicamente arremangados, rompiendo el silencio de la noche con el ßspero traqueteo de las almadreîas. Porque en aquella çpoca eran muy pocos todavëa los que desdeîaban este calzado patriðtico y confortable. Tal cual pollastre que por haber estado en Valladolid estudiando medicina se creëa por encima de estas ruindades y alguna que otra damisela melindrosa que afectaba el no saber andar con ellas. De coches no habëa que hablar, pues sðlo existëan tres en la poblaciðn, el de Quiîones, el de la condesa de Onës y el de Estrada-Rosa. Este ÷ltimo era el ÷nico que no alcanzaba el medio siglo de antigùedad. Cuando cualquiera de las tres carrozas salëa a la calle, rodeßbala un enjambre de chiquillos y seguëanla buen trecho en testimonio de incondicional entusiasmo. Los vecinos en lo interior de sus moradas distinguëan, por el estrçpito de las ruedas y el chasquido de las herraduras, a cußl de los magnates mencionados pertenecëa. Eran, en suma, tres instituciones venerandas que los hijos de la ciudad sabëan amar y respetar. Contra la lluvia que cae sobre ella mßs de las tres cuartas partes del aîo no se conocëan entonces otros preservativos naturales que el paraguas y las almadreîas. Poco despuçs vinieron los chanclos de goma y recientemente tambiçn se introdujeron los impermeables con capuchðn, que trasforman en ciertos momentos a Lancia en vasta comunidad de frailes cartujos. El viento soplaba mßs recio en la travesëa de Santa Bßrbara que en ning÷n otro paraje de la poblaciðn. Esta vëa, abierta entre el palacio del obispo y las tapias de un patinejo de la catedral, donde viene a caer la cadena del pararrayos, pasa a su terminaciðn por debajo de un arco y forma lðbrego recodo en que el huracßn se encalleja y clama y se lamenta en noches tan infernales como la presente. Un hombre embozado hasta los ojos atravesð velozmente la plazoleta que hay delante de la morada de los obispos y entrð en este recodo. La fuerza del huracßn le detuvo, y la lluvia, penetrando entre el embozo de la capa y el sombrero, le privð de la vista. Resistið unos instantes a pie firme la violencia de la rßfaga, y en vez de soltar alguna interjecciðn ençrgica, que nunca fuera mßs al caso, dejð escapar un suspiro de angustia.’¡Ay, Jes÷s mëo, quç noche